Seguramente no han de preocupar mucho al flamante presidente
brasileño Michel Miguel Elías Temer Lulia y a Itamaratí, las protestas y
acusaciones de la deshilachada Alianza Bolivariana para los Pueblos de
Nuestra América (ALBA).
Temer debutó como presidente del Brasil a nivel internacional el
pasado fin de semana en la reunión en China de los más grandes y
desarrollados países del mundo agrupados en el G20. Fue su legitimación,
mal que le pese a Ecuador, Bolivia, Venezuela, Nicaragua , Cuba y el
gobernante Frente Amplio uruguayo, que han protestado airadamente,
retirado embajadores y han roto relaciones en un caso extremo.
Al Gobierno brasileño sin duda le importaba más lo que pasara en el G20, que las reacciones bolivarianas.
El problema mayor puede que sea para los protestantes cuando deban
recular. Porque al final van a tener que echar para atrás. Quizás se
resista Nicolás Maduro, pero importa poco, es un cuento a punto de
acabar. Lo del canciller brasileño José Serra fue más que explicito,
dijo que Ecuador y Bolivia deberían mirar al proceso brasileño para
aprender sobre democracia. Con Venezuela fue más contundente, dijo que
es “un régimen que no merece respeto porque es un régimen antidemocrático que desorganizó al país”.
Este viraje en la política diplomática brasileña generará un
reacomodamiento en las instituciones regionales, cuya magnitud no es
fácil de predecir, pero que sin duda provocará más de
un desmoronamiento. La Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y
Caribeños) no tendrá mayores problemas: se mantendrá en ese estado de
semi letargo que la caracteriza y que molesta poco. La Unasur, en
cambio, habrá de revisar su política y forma de actuar .Difícil que su
secretario general, el expresidentes colombiano Ernesto Samper, sea
reelegido.
Pero los cimbronazos mayores se darán en el Mercosur y en la OEA.
En el Mercado Común del Sur la suerte de Venezuela parece estar
sellada. Esto es, la de la Venezuela de Nicolás Maduro, que se
autoproclamó presidente pro témpore de la organización, con el solo
beneplácito de Uruguay, pero con lo oposición de Argentina, Brasil y
Paraguay. Estos no lo reconocen como tal y han creado una comisión
para administrar al Mercosur, hasta que Argentina asuma la presidencia
en diciembre próximo. Le cuestionan a los venezolanos no haber cumplido
una serie de protocolos que exigen los estatutos, a lo que se suma el
reclamo de Paraguay que sostiene que está inhibida por no cumplir con
la cláusula democrática, con lo cual coinciden Brasil y Argentina (basta
ver lo que ha dicho Serra, o el propio presidente Mauricio Macri que ha
denunciado que en Venezuela no hay democracia y que se violan los
derechos humanos). Es muy probable que si Maduro no permite la
realización del referéndum una de las consecuencias sea la suspensión de
Venezuela como miembro del Mercosur. Con esta situación, además, se
complica el ingreso a la organización del por ahora postulante Estado
plurinacional de Bolivia.
El cambio en Brasil a su ver repercutirá fuertemente en la OEA y
máxime con el nuevo giro e impulso que le ha impuesto el secretario
general, el uruguayo Luis Almagro. También aquí la suerte de Venezuela
está más que sellada. Seguramente habrá una política más severa en
cuanto a la aplicación de la Carta Democrática, lo que pondría en la
línea de fuego a países como Ecuador, Nicaragua y Bolivia. Un alto
funcionario de la OEA, cuyo nombre pidió mantener en reserva, me dijo
respecto a Venezuela que “la coalición de países que reclaman un
cambio en ese país aumenta día a día, con un grupo duro de 15 países y
otros que están más en la periferia y que pueden llegar a un total de 20
con lo que se superaría el 50 por ciento (18) de los países miembros”.
En cuanto a las denuncias hechas ante la CIDH y la OEA por el impeachment en Brasil este funcionario indicó que
“la reacción bolivariana por el proceso brasileño es testimonial y sin
impacto práctico” y en cuanto a la denuncia del Partido de los
Trabajadores (PT) ante la CIDH sobre una supuesta violación a derechos de Dilma Rousseff, indicó que no cree “que derive en algo sustantivo”.
Quizás después de 15 años, desde que fuera aprobada con bombos y
platillos, se comience de una vez por todas a hacer respetar la Carta
Democrática Interamericana.
Danilo Arbila, vía Correo del Caroní.